La ciencia detrás de la gente que siempre llega tarde a todas partes

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Si tuviésemos que dividir a la población desde el punto de vista de la gestión del tiempo habría dos grupos claramente diferenciados: los que llegan tarde y quienes acuden antes de la hora acordada Sin embargo, aunque a veces tachemos a los tardones de egoístas o poco responsables, la realidad es más compleja de lo que parece: hay cerebros más preparados para la puntualidad que otros.

Impuntualidad predeterminada. Según una encuesta realizada a la población estadounidense, entre el 15 y el 20% de los entrevistados llega tarde “constantemente”. A la hora de analizar las razones que les llevan a no llegar a tiempo, expertos consultados por La Vanguardia apuntan a que puede deberse a un comportamiento adquirido por aprendizaje familiar. Es decir, aquellas personas educadas en ambientes impuntuales tienen más probabilidad de serlo.

77 segundos. Un experimento realizado en el año 2006 llegó a una conclusión muy reveladora sobre la concepción del tiempo. Así y tras estudiar a dos grupos de personas (puntuales e impuntuales) se dieron cuenta de que aquellos que tendían a llegar tarde a los sitios tenían la sensación de que un minuto dura más segundos de los que realmente lo componen. Para ellos, en lugar de 60, un minuto transcurre en 77 segundos.

Al preguntar a los participantes cuánto tiempo creen que tarda en consumirse un minuto, el grupo de los puntuales percibió que la aguja del minutero tardaba en recorrer la esfera del reloj 58 segundos, mientras que los impuntuales sentían que el tiempo les pasa más despacio. Es decir, se evidenció que, realmente, había personas que tienen una especie de reloj interno incorporado y otras no.

Con información de Magnet

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